"Dead End"
Y de repente, todo colapsa.
Se te viene encima, se te acumula y cae sobre ti. Estás sentado en el borde de tu cama esperando que los minutos dejen de estrellarse en tu pared. Minutos que han pasado lento y son pesados, minutos que llevan en sí cada una de tus tristezas, tus lágrimas, tus ganas de acabar con el mundo. Minutos que te recuerdan por qué dejaste las cosas a medias, por qué actuaste como actuaste, por qué las cosas no van a volver a ser como tú quieres. Minutos que te definen como eres, que te recuerdan tus errores y que te dan respuestas que no quieres oír. A veces, el silencio es la mejor de las melodías, es el mejor de los terapeutas.
No, te repites que las cosas no pueden ser así, que las cosas tienen que ser como tú quieres, que la vida es cruel y no tienes ni la más mínima idea de cómo seguir actuando como actuabas. Una parafernalia de la vida, fastidiosa y muy aburrida. Te repites otra vez lo que debió haber pasado, lo que hubieses hecho en cambio y lo que necesitas en este momento.
Dicen que el tiempo lo cura todo, que el helado mejora el ánimo y que un clavo saca otro clavo. Pero, ¿qué piensas tú? ¿qué necesitas tú? ¿qué te depara el futuro? ¿qué dices tú?
No, ya has dicho demasiadas tonterías por hoy, cubriste el límite.
Mira para el otro lado, encógete de hombros y dale la espalda a la peor de las estupideces que has cometido. Nada dura para siempre y nada es sólido, entiéndelo. El mundo es etéreo, sublime y ciego; y nuestros “finales” indican el inicio de una nueva era.

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