Algún lugar arriba del arcoiris
Mira, Israel Kamakawiwo'ole tu, o tenías serios problemas con las drogas o eras bastante ingenuo. Mejor dicho, amigo, dime ¿dónde coño queda ese lugar arriba del arcoíris del que tanto hablan tú y Dorothy de “El Mago de Oz”? En serio, se me hace urgente llegar allá y hacerme un lavado de cerebro y, nuevamente, rehacer mi vida.
Además, la conspiración de mi iPod y las emisoras de radio de hacerme la vida imposible no es normal. Le doy a shuffle, le doy a next song, le doy a mute y NADA. Sigue la conspiración maquiavélica de seguir viendo su carro y su sombra por todos lados.
Y mientras tanto, tengo un norte, un pasatiempo, un plan maestro para 5 años, unas líneas que escribir, rollos por revelar, música por escuchar, conversaciones que tener, colores, crucigramas, libros que terminar, posibles nombres para un perro (o un hijo, es lo mismo), ansias, ganas y amores platónicos. Tengo lo que tengo y por lo que no tengo no me quejo, bueno no del todo. Como, por ejemplo, esas ganas malditas de querer verte siempre y tocarte y soñarte y dejar de quererte y odiarte más, cada día, más. Mis ganas de fumar cada vez que me complico la vida. El rellenar espacio en mi closet con cosas que van en otro lugar. Mis ganas de irme, de huir, de renunciar, de meter la cabeza bajo la tierra si algo sale mal.
Que no soy escritora, ni mucho menos poetisa. Que sólo siento, que sólo vivo, que sólo sueño. Que me enamoro, que lloro, que sigo y que muero.

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